La belleza de los rituales
Se llamaba Luna. La gata de Carmen se llamaba Luna. Fue el primer animalito grande que vi morir y que enterré. Enterramos, Carmen y Yo. Antes de Luna h abía enterrado moscas, zancudos, arañas y caracoles. Todos bichitos pequeños que solían morir atrapados en el parachoques del auto de mi padre, o en los cristales donde aparecía mi madre con el matamoscas, especie de raqueta cuadrada, pequeña, de plástico, infalible co n las ruidosas moscas del verano. Todos esos insectos que se morían me provocaban un profundo respeto. Ya no volverían a volar y debían recibir un ritual, mínimo. Así que, si había cajas de fósforos vacías se convertían en el pequeño ataúd. Si no, iban directamente a l agujerito que cavaba en el jardín de casa. Luego de cubrir con tierra decoraba con flores, hojas, piedrecitas, y papel metálico que guardaba cuidadosamente del interior de las cajas de cigarrillos de mi padre. Siempre formando círculos. Círculos de flores, hoj...