La belleza de los rituales

Se llamaba Luna.

La gata de Carmen se llamaba Luna. 

Fue el primer animalito grande que vi morir y que enterré.   

Enterramos, Carmen y Yo.

Antes de Luna había enterrado moscas, zancudos, arañas y caracoles. Todos bichitos pequeños que solían morir atrapados en el parachoques del auto de mi padre, o en los cristales donde aparecía mi madre con el matamoscas, especie de raqueta cuadrada, pequeña, de plástico, infalible con las ruidosas moscas del verano.  Todos esos insectos que se morían me provocaban un profundo respeto. Ya no volverían a volar y debían recibir un ritual, mínimo. Así que, si había cajas de fósforos vacías se convertían en el pequeño ataúd. Si no, iban directamente al agujerito que cavaba en el jardín de casa.  Luego de cubrir con tierra decoraba con flores, hojas, piedrecitas, y papel metálico que guardaba cuidadosamente del interior de las cajas de cigarrillos de mi padre. Siempre formando círculos. Círculos de flores, hojas, piedritas y papel plata hecho bolitas… círculo.  ¿De donde vendría en mi ese saber hacer?... porque yo era pequeña… tendría unos 5-6 años y hacía esto con mucha seguridad, dando instrucciones a mi hermano pequeño. Cantábamos canciones de iglesia, o alguna que nos gustara, y con fósforos creamos una cruz, que flotaba en el medio del circulo florido.  

Por eso, cuando murió Luna, yo sabía exactamente que era lo que había que hacer. “Tenemos que enterrarla, y adornar con un círculo de flores el lugar”, le habría dicho a Carmen.  Carmen estaba triste, como suele pasar en esos momentos.  Pero le pareció preciosa la idea.  
    -Si, vamos a hacerlo.  Me dijo mientras entre sus manos descansaba la cabecita de la  pequeña Luna.  
    -Vaya, agregó, pero no podemos hacerlo en este jardín, a mi padre no le va a gustar…
    - Oh, oh… y es que tenemos que irnos a ensayo de teatro! 
Vaya… la vida parecía decirnos que Luna quería estar un rato más con nosotras.                                                                                             -¿Qué hacemos?

   -Pues…nos llevamos a Luna con nosotras, y luego buscamos un lugar hermoso donde enterrarla. 

Y las dos estuvimos de acuerdo. 

En ese momento no pensábamos en nada más que en Luna y el bello ritual que se merecía. Había sido una gata compañera y amable. Suave, silenciosa, con esa nobleza que tienen los gatos de guardar silencio en los momentos oportunos y quedarse ahí, cerca, siempre.
Envolvimos a Luna en una toalla y la metimos en una maleta pequeña, sin ruedas.  La cargaríamos.  Y nos fuimos a ensayo.         

No recuerdo con claridad si nos fuimos en la micro 7 o en algún colectivo…lo que sé es que ninguna de las dos sentíamos nada extraño de ir con la gatita en la maleta. Y los pasajeros que nos acompañaron en el viaje nunca supieron qué llevaba nuestra maleta.  De saberlo, no se si les hubiese dado igual.

Al bajarnos del transporte, después de unos 15-20 minutos de viaje, por alguna razón, la maleta pesaba más… cosas que pasan. 
En el ensayo no dijimos nada a nadie. Igual nos daba entre risas y vergüenza lo que pudieran decirnos!  Llevábamos a Luna muerta en la maleta…ese era el hecho. 

Al terminar el ensayo nos demoramos más de lo habitual en reunir nuestras cosas. Cuando se marcharon todos pudimos mirar por las ventanas.  Desde ahí escogimos un lugar al que miraríamos los días de ensayo y al que pasaríamos los domingos, después de la función,  a dejar flores. 

Al caminar hacia el lugar escogido, la maleta pesaba otro poco más.  

Aprendimos de esta experiencia que el cuerpo va cogiendo peso a medida que se enfría. Aprendimos también que el cuerpo de los gatitos, como el de todos los seres vivos, se enfría y deja de ser flexible. Aprendimos también que cuando un gatito es hermoso en vida…sigue siendo hermoso cuando se queda dormido para siempre.

Nos dio pena… si
Con la palita con la que se recogen las cenizas de las estufas, cavamos el agujero en un lugar bello, a los pies de un árbol,  rodeado de verde. Era un sitio vacío en ese momento.  

Envuelta en la misma toalla depositamos a Luna. Y la cubrimos de tierra. 
De los matorrales cercanos sacamos flores de color fucsias, amarillas y blancas. Con ellas hicimos una hermosa corona rodeando el lugar.  En una piedra escribimos el nombre de Luna y la fecha.  Y rodeamos de piedras pequeñitas. 
Luego cantamos muchas canciones de las que cantábamos en las sesiones de teatro infantil. Nos sentíamos contentas, casi como sabiendo que Luna ya estaba tranquila y contenta en un cielo lleno de gatos y platitos de atún fresco. Nos despedimos de Luna. El lugar se veía especialmente bello. Nos hubiese gustado tomar una foto, pero en ese tiempo las cámaras no iban encima de nosotros como ahora. Nos marchamos satisfechas. Habíamos hecho un bello ritual como el que Luna se merecía. 

Durante todo el tiempo que seguimos ensayando y teniendo funciones en el Mall Temuco, fuimos a ver el árbol de Luna. Y le cantábamos canciones. Y decorábamos, con todo lo que nos regalaba el lugar.

Al correr de los años el Mall Temuco cerró sus puertas, y en el bosque de Luna se construyó un enorme hotel de lujo. Pero, se conservó la zona verde…como jardines y patio del hotel. Aún está el árbol de Luna ahí.  Y cada vez que voy a Temuco, al entrar a la ciudad, el camino obligatorio me hace pasar por ahí… y claro, siempre me acuerdo de ellas, de Luna y de Carmen. 

Escribí hace poco que quizás amamos para recordar. O quizás recordamos, justamente, porque amamos. 
Cuando llega una mascota a nuestra vida sabemos que, por ley, la veremos partir. Lo sabemos… A menos que sea una tortuga y que viva más de cien años, hay que saberlo.  Los gatitos no suelen vivir más de veinte años… no hay que olvidarlo.   Yo lo se.  Pero sabiéndolo, se muy bien que cuando mi gato Bosco se duerma para siempre me voy a sentir muy triste y vacía… por eso pensé que valía bien escribir este recuerdo…

Ritual de despedida de conejito
 Amanda Stronza

En sí mismo éste es un ritual y un recuerdo para Luna…y para todos aquellos de los que no me despedí. Los gatitos suelen marcharse cuando se saben enfermos y cercanos a la muerte.  Debe ser que a ellos, como a los humanos, no les gustan las despedidas. 

Es así…

Ritualizar las partidas las hace bellas. No menos tristes. No menos silenciosas y vacías.  El rito nos regala un último momento que podemos vestir con delicadeza, cuidado y dignidad…  Para agradecer la vida y sus despedidas, tal y como se celebran las llegadas. Es así.


Y, como dice el poeta Juan Lima
“No se preocupen
si a la noche, vuestro gato, 
anda en dos 
(o tres) lugares 
distintos a la vez

Hay mucho
por hacer
allí donde el hombre
no ve"


(Para Joaquín y todos aquellos que deben despedirse…)

Carolina

Ritual de despedida para ardilla
Fotografía de Amanda Stronza

Ritual de despedida para pajarito 
Otra despedida de un pajarito 


PD: Cuando escribía esta entrada, dedicada al hijo de una amiga cuyo gatito estaba viviendo sus últimos días, me encontré con las imágenes de Amanda Stronza, una Antropóloga que cuando se encuentra con animalitos muertos les realiza un homenaje fotográfico adornado su cuerpo con flores, como se ve en dos de las imágenes.  Las otras dos fotografías son mías. Mis rituales a dos pajaritos. 

Aquí el enlace al instagram de Amanda Stronza.


Amanda Stronza: Instagram

Comentarios

  1. Es una historia llena de magia, de sensibilidad, de belleza. Las despedidas de mascotas, seres que llenan de vida, lealtad y amor incondicional una casa, son siempre tristes, y dedicar un ritual es un gesto precioso de gratitud por todo cuanto dan. MuchasGracias por este relato y compartir!

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  2. Es muy entrañable y lleno de magia tu relato Carolina. Sentido con tu corazón lleno de ocurrencias, magia y amor. La niñez es pura comprensión hacia el otro, es tan exquisita su inocencia que estas historia cobran un poder maravilloso para nosotros los adultos , sobre todo en algo tan sentido que entra en la retina de un niño, como es la muerte de sus animalitos, posiblemente los únicos con los que se pueden comunicar...gloriosos niños.
    Me ha encantado la historia y los rituales que viviste y que expresas con tanta belleza... gracias.

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